Uf...qué pereza volver a la rutina. Mañana de camino a Madrid veré de nuevo al menos tres pueblos antes de empezar a ascender por
Los lunes se observan más bostezos en el vehículo atascado de al lado. Legañas y duermevelas se dan la mano en los semáforos y los niños miran indiferentes hacia afuera, como asumiendo que esto que hoy es el cole, mañana será otro quehacer que le devolverá igual a la rutina.
No siempre, pero de cuando en vez me doy el capricho de redesayunar en una cafetería. Suelo escoger una cercana a algún colegio porque soy muy cotilla y me gusta oír las conversaciones luneras de las mamás y algún rezagado papá. Fin de semana, suegros, cuñados y fútbol se arremolinan en dispersas charlas entre tostadas con pantumaca, croisants a la plancha, sanwiches mixtos, solos, cortados, con leche y sacarina, por supuesto.
Me gusta sí, desayunar así, me gusta. Estiro las piernas y miro también por la ventana, observando las caras cascabeleras de inicio de semana que van haciendo cábalas sobre el resto de los días, sobre el amante que no llega, sobre esa vida que: -¿es mía? sobre la felicidad absoluta, o no.
Hasta los perritos de paseo mañanero lo hacen rápido…no hay tanto tiempo como ayer.
¡Hasta mañana!
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